
Con la
LOE ha aparecido un nuevo palabro que se nos cae a todos de la boca continuamente: las
competencias, lo que los alumnos necesitan para sobrevivir en esta sociedad, la capacidad de usar los recursos a su alcance para cumplir las tareas planteadas o resolver problemas de todo tipo ... o algo así.
No es asunto de una sola materia, sino que nos toca a todos. Los alumnos al finalizar la etapa de Secundaria han de haber adquirido la competencia en comunicación lingüística, la competencia matemática, la competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, competencia en el tratamiento de la información y competencia digital, competencia social y ciudadana, competencia cultural y artística, competencia para aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal. Uf.
Para poder ayudarles a adquirir esas competencias, será necesario saber de donde partimos. Sobre lo digital ¿sabemos realmente qué competencia tienen? ¿cuánto saben? ¿qué saben? ¿cómo lo usan?
La mayor parte de los profesores damos por supuesto que nuestros alumnos nacen aprendidos en lo digital. Se les llama
nativos digitales aunque se debata en varios
sitios sobre lo
riguroso de esta denominación. Es cierto que ven habituales muchas de las cosas que nosotros hemos tenido que aprender, que están rodeados de pantallas (cinco como mínimo decía el informe
PIC), que no tienen miedo a pulsar cualquier tecla, que aprenden más rápido que muchos profesores y padres, que enseñan a sus mayores a usar los nuevos aparatos, pero ¿son competentes? ¿saben usar esa tecnología a su alcance para resolver problemas, para enfrentarse a la sociedad, para aprender? ¿cómo usan esas tecnologías?
Por curiosidad y aprovechando las vacaciones benicenses me he paseado por los espacios virtuales por los que se mueven los alumnos de Benicàssim. No sé qué pasará en otros centros, aquí lo que triunfa es el
metroflog. No hay alumno que se precie que no tenga uno. No creo que la mayor parte de los padres conozca siquiera su existencia, probablemente se asustarían si supieran lo que publican sus hijos en la Red. He intentado encontrarle la gracia o las posibilidades o el atractivo a ese servicio, pero en vano. No me ha parecido un espacio interactivo aunque las firmas y comentarios se multipliquen (pero ¡sin
RSS!) y sólo permite subir imágenes (ni vídeos, ni música, ni presentaciones, ni otras
xuxes). ¿Qué es lo que encuentran allí los chavales de interesante? Nada, simplemente que no eres nadie si no tienes un
metro. Para ser un alumno integrado, tienes que tener un
metro y actualizarlo, además de firmar en todos los
metros de tus amigos. Hablaría de crear redes, pero me parece que ni eso, pues los diálogos se limitan en la mayoría de los casos a pedir firmas, decirse lo mucho que se quieren y cosas similares.
Ahí termina la competencia digital de la mayor parte de los alumnos.
Como dice Aníbal de la Torre, los profesores debemos tomar nota de eso al entrar en el aula de informática.
Claro que luego siempre encontramos excepciones, las que nos alegran el día. Esos alumnos que escriben en sus blogs sobre
lo que aprenden, los que comparten sus
dudas y
descubrimientos, los que cuentan
lo que piensan, los que
reivindican. No estoy hablando de
blogs de aula, sino de los que se abren discretamente, sin decir nada a los profesores. Afortunadamente también me he encontrado por casualidad con varios de esos que me han devuelto la sonrisa.
Eso es lo que tenemos en las aulas, diferencias y diversidad. Será nuestro trabajo darles un sentido.
(La imagen que ilustra este post pertenece a
Nurika235, una alumna de 2º de ESO)