Pensamientos

martes, 13 de febrero de 2007

Siembra, que algo queda

Cuando hace algún tiempo leía las palabras de Luis sobre los antiguos alumnos, me encantó su modificación del refrán: siembra, que algo queda. Estos días ha visitado nuestro centro Marta y las palabras de Luis han venido de nuevo a mi mente.

Marta fue alumna mía en Griego II, cuando esta materia no entraba para selectividad. No había cursado Griego I pero consecuente con su cambio de opción se pasó el verano estudiando el alfabeto, las declinaciones y los rudimentos gramaticales para enfrentarse al nuevo curso con algo de base.

Ese curso lo dedicamos a trabajar mucho la cultura y poco la lengua. Estaba más interesada en conseguir su admiración por la herencia helénica que por un conocimiento sesgado de la lengua producido por limitación en el tiempo y que sólo iba a producirles frustración. Trabajamos muchos aspectos de la historia, de la religión, de la política, de la vida cotidiana, de la literatura. Precisamente sobre literatura, prepararon unos magníficos trabajos sobre lírica, y grabaron unas hermosas lecturas dramatizadas en griego con sus traducciones, que todavía debo conservar en alguna parte (en casete, claro).

Marta terminó el bachillerato sin problemas, era una buena alumna, y estudió Humanidades. Ahora ha vuelto al centro para realizar las prácticas del CAP, que compatibiliza con su trabajo vespertino en la Biblioteca de la UJI.

Verla dar sus primeras clases a través de la ventanita de la puerta, me hizo recordar esas exposiciones orales en clase que la ponían tan nerviosa, pero que con el tiempo, resultaron ser quizá más provechosas que los contenidos gramaticales que intenté que asumiera.

Al salir del aula, una amplísima sonrisa iluminaba su cara, había conseguido eso que tan feliz nos hace a los que tenemos el gusto por enseñar: captar la atención y el interés de los alumnos.

Quería compartir con todos esa primera clase, con el orgullo de una antigua profesora que en algo contribuyó a su formación.

Por cierto, se me olvidaba contar que Marta tiene una discapacidad física del 68%. Una asignatura más que ha aprobado cum laude.

9 comentarios:

Javi dijo...

Ana, precioso post. Verdaderamente esto es lo que te llena como docente. Enhorabuena por crear grandes profesionales y enhorabuena a ella por esa sonrisa conseguida

gemma dijo...

Hola Ana. Valga este comentario para decir sólo que sí. Que vale la pena. Que hay mucha gente que escucha en este arduo camino. Mira, me has tocado la fibra hoy. Y lo mejor de todo, que Marta ya está allí, donde ella quiere estar. Nos alegramos infinito.

Charo Marco dijo...

Ana, enhorabuena a tí por este tan hermoso post y a Marta como protagonista de la historia. Ambas tuvisteis mucha suerte al entrelazar vuestras vidas.

Felicidades a las dos.

Magister-Διδασκαλος dijo...

Ana: me ha alegrado mucho leer esta entrada tan bonita. ¿Verdad que sí, que vale la pena? Mira que nos conformamos con poco: que alguien, de vez en cuando, nos dé una alegría de ese calibre. ¿O es mucho..?
Un saludo.
Luis.

santi dijo...

Muy emotivo, Ana.
La mejor recompensa a tu labor. Momentos como ese son los que nos hacen seguir en la brecha. ¿Y aún dicen que las clásicas no sirven de nada?

Sergio Mestre dijo...

Enhorabuena a la profesora, enhorabuena a la alumna, enhorabuena a los que todavía son sensibles a estas historias.

Esther dijo...

¿Marta está ya haciendo las prácticas del CAP? ¡Como pasa el tiempo...!Dale mi más cariñosa enhorabuena, seguro que es una profesional de primera.

Gianpiero Pelegi dijo...

Hola Ana, me ha emocionado mucho tu post. Enhorabuena por tu labor. Me alegro mucho por tí y por Marta.

consuelogm dijo...

Ya me hubiera gustado tener una profesora de griego como tu, aunque Manolo Irún en C.O.U. me enseñó mucho.Enhorabuena a tu ex- alumna.